La Liberación de los Oprimidos

 Hace pocos días el Abuelo Suaga Gua, líder espiritual de la Comunidad Muisca Chibcha de Bacatá me entregó esta hermosa frase:

Los opresores nunca podrán liberar a los oprimidos. Los oprimidos tendrán que liberar a los opresores

Acto seguido me solicitó lo siguiente: "Si yo lo he oprimido, por favor libéreme". Entonces prometí escribirle unas líneas con ese propósito y hoy se traducen en este escrito, que intencionalmente se hace público ya que desde ahora lo conjuro para que sea medicina en igual medida para opresores y oprimidos.

Debo aclarar, antes que nada, para que esta sanación tenga efecto, que yo mismo me declaro a la vez opresor y oprimido y es así porque he permitido que mi imprudente - mente vaya en contra de los designios de Padre Madre y se convierta en una mente dividida donde el tirano y el dominado cohabitan esperando esta medicina.

Mi respuesta directa a la solicitud de mi querido abuelo es: NO, nunca usted me ha oprimido. Pero he permitido que mi opresor interno sea verdugo de mis propios ideales por congraciar con su tirano personal y al hacerlo he ingresado a la misma prisión en la que su corazón se encuentra y de la cual anhelo que juntos podamos muy pronto partir, sin que de nuestro paso por ella quede huella.

Para poner en contexto estas palabras, me remito a la sabiduría del gran maestro Khalil Gibran quien en "El Profeta" ilustra con más luces que las que yo puedo pretender, una verdad bella y contundente:

A las puertas de la ciudad y a la lumbre de vuestro hogar yo os he visto postraros y adorar vuestra propia libertad. Así como los esclavos se humillan ante un tirano y lo alaban aun cuando los mata.

¡Ay! En el jardín del templo y a la sombra de la ciudadela he visto a los más libres de vosotros usar su libertad como un yugo y un dogal.

Y mi corazón sangró en mi pecho porque sólo podéis ser libres cuando aún el deseo de perseguir la libertad sea un arnés para vosotros y cuando dejéis de hablar de la libertad como una meta y una realización. 

Seréis, en verdad, libres, no cuando vuestros días estén libres de cuidado ni vuestras noches de necesidad y pena. Sino, más bien, cuando esas cosas rodeen vuestra vida y, sin embargo, os elevéis sobre ellas desnudos y sin ataduras. Y, ¿cómo os elevaréis más allá de vuestros días y vuestras noches a menos que rompáis las cadenas que, en el amanecer de vuestro entendimiento, atasteis alrededor de vuestro mediodía?

En verdad, eso que llamáis libertad es la más fuerte de esas cadenas, a pesar de que sus eslabones brillen al sol y deslumbren vuestros ojos.  ¿Y qué sino fragmentos de vuestro propio yo desecharéis para poder ser libres?

Si es una ley injusta la que deseáis abolir, esa ley fue escrita con vuestra propia mano sobre vuestra propia frenteNo podéis borrarla quemando vuestros Códigos ni lavando la frente de vuestros jueces, aunque vaciéis el mar  sobre ella.

Y, si es un déspota el que queréis destronar, ved primero que su trono, erigido dentro de vosotros, sea destruido. Porque, ¿cómo puede un tirano mandar a los libres y a los dignos sino a través de una tiranía en su propia libertad y una vergüenza en su propio orgullo?

Y si es una pena lo que queréis desechar, esa pena fue escogida por vosotros más que impuesta a vosotros.

Y si es un miedo el que queréis disipar, la sede de ese miedo está en vuestro corazón y no en la mano del ser temido, En verdad, todas las cosas se mueven en vosotros como luces y sombras apareadas.

Y, cuando la sombra se desvanece y no existe más, la luz que queda se convierte en sombra en otra luz.

Y, así, vuestra libertad, cuando pierde sus grillos, se convierte ella misma en el grillo de una libertad mayor.

Queda entonces servida la cura, no hay cadenas más pesadas que las que arrastran el pasado y las mentiras que nos hemos inventado para darle sustento al  becerro de oro que creamos para adoración propia y del pueblo que viene tras nuestros pasos. Y no hay mejor alivio que dejar atrás esa carga y volver a ser livianos, sencillos y desapegados como eran nuestros ancestros.

Dice Carlos Castañeda que el único camino que vale la pena es el que tiene corazón y en el corazón "Cubni Uni" como sumercé ha enseñado está la casa del Espíritu que es Verdad, Amor y Unidad. Todo lo que nos separe y nos divida no hace parte de ese camino. No importa cuanto brille y lo mucho que lo hayamos deseado, también importa poco que hayamos dedicado a ella la mitad de nuestra vida.

Yo propongo un nuevo comienzo, entregar a la Madre esa colcha de retazos con la que nos hemos abrigado y dejar que la brisa y el sol sean nuestra nueva capa. Abrazar la verdad y la humildad como si fuera un fuerte árbol en la mitad del huracán y dejar de luchar contra la corriente para poder disfrutar de este maravilloso viaje.

El Pueblo está despertando y ya nada puede detener el nacimiento de la Nueva Humanidad, la siembra está hecha y ya no hay necesidad de arañar la tierra. Las plántulas están fuertes y no hace falta salvarlas de las alimañas. Es tiempo de cuidar desde el Espíritu y endulzar con amor para que vengan las aves y las abejas justo cuando toda la chagra florezca.

Desde ahora me declaro libre de mi opresor y doy un paso al costado para maravillarme con la sinfonía de la Existencia en cuya música reside mi alma. El Pueblo Nación, el Clan o la Confederación de seres Libres vestidos de blanco y de rojo, de negro y amarillo  se extiende por toda la Hicha Guaia y espera por nosotros.

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